viernes, 28 de marzo de 2014

Hoy hace 21 años que me comuniqué por primera vez con la vida. No fue con palabras, obviamente. Fue con un llanto. Y la verdad es que, pese a tener una memoria nada desdeñable, no recuerdo muy bien el tono que empleé. Seguro que mi madre sí que lo recuerda. Pero sea cual fuese el tono, seguro que a la vida le quedó claro el mensaje. ¿Por qué? Porque, veintiún años después, estoy bastante satisfecho con lo que he vivido.

Han sido unos años cruciales en mi vida, puesto que son los primeros, en los que se centran el aprendizaje, el crecimiento, el descubrimiento. La exploración, el romance y, repito de nuevo, el crecimiento. He vivido experiencias sustancialmente agradables, y también desagradables. Pero tanto de unas como de otras, he aprendido algo, creciendo nuevamente. Y con cada experiencia ganas pues eso, experiencia.

Aprendí a admirar a las grandes figuras ermitañas que se me ha dado ocasión de conocer. No en persona, pero sí a tener consciencia de ellas. No voy a hacerme el "friki" y a nombrarlas aquí, no. No hace falta, seguro que hay muchas personas que me conocen que sabrían decir alguna. De ellas admiro... No, todavía no voy a desvelar ese preciado secreto, pese a que muchos creen saberlo. 

El caso es que, durante estos años he conocido a muchas personas, todas ellas increíbles. Ya que todas eran, ciertamente, personas. Y querría agradecerles de esta forma modesta el haber formado parte de mi vida. 

En primer lugar, quiero dar gracias a mis padres. Porque, sin ellos, la vida no habría tenido la oportunidad de conocerme, ni yo de conocerla a ella. Gracias por todos los sacrificios, diarios, que lleváis haciendo desde hace algo más de 21 años. Aunque parezca que no, hay unas pocas veces en las que llego a darme cuenta, aunque sea vagamente, de todo lo que hacéis por mí. Gracias por ello. Y perdón por no demostrar este agradecimiento más a menudo, y de formas más prácticas. 

En segundo lugar, a mis abuelos, gracias. Porque habéis sido y sois unos segundos padres. 

En tercer lugar, al resto de mi familia. Que aunque parezca que soy algo huraño, también os llevo cerquita. Gracias por acompañarme, por enseñarme, aconsejarme, cuidarme, quererme y respetarme. 

En cuarto lugar, a la familia escogida. A mis amigos y amigas. A todos vosotros, que habéis entrado en mi vida, unos con más casualidad que otros. Gracias. Por estos 21 años cargados de compañerismo, confianza, camaradería, secretismo y alegrías. Gracias por compartir conmigo vuestras vidas y por hacer de la mía algo más de en lo que podría haber quedado.

En quinto lugar, a todos aquellos que habéis formado parte de la plantilla educativa. Mª Teresa, Mari Sol, Manolo, Amparo, Pilar, Raquel, Mayka, Amable, Paco, Paco, Victor, Paola, Trini, Cristina, El profe de historia de 4º, de cuyo nombre no me acuerdo. ¿Pepe? No sé. Juan Carlos, Javi, Teresa, Manolo... Sois muchos y más. Todos vosotros me habéis enseñado algo más que matemáticas, lengua, inglés, física, química, valenciano, construcción... Gracias por cumplir con vuestro deber de la forma que mejor habéis podido. Se aprecia que los que enseñan lo hagan con voluntad, pues así los enseñados aprenden algo más, y mejor.

Y por último, aunque no menos importante, al resto de personas que habéis estado, y estáis, en mi vida. Gracias. Conocidos, compañeros, adversarios. A todos los que habéis aportado a mi vida algo útil, gracias. En este apartado, cabe hacer una mención especial a todos aquellos que se dedican al coaching. Pues sin ellos, este texto probablemente no se habría ni rumiado en mi mente. 

No quiero enrollarme más. Todos habéis estado, algunos para quedaros, y otros, por suerte o por desgracia, para marcharos. Pero todos habéis contribuido a lo que hoy soy. Y como estoy contento de ser lo que soy, pese a que no niego que no voy a dejar de intentar ser mejor, os lo agradezco.

Vida, mantén la actitud, acuérdate de lo que te dije con mi primer llanto. Gracias. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario