No me gusta que se dejen las cosas destinadas al azar. Porque cuando se deja la vida de un pájaro en las manos de nada, es el pájaro el que lucha por su vida. Pero si dejamos a la deriva que alguien se ponga en contacto con nosotros, que el examen llegue sin habernos preparado bien, que ella de el primer paso, que la otra persona pida perdón, que me toque la lotería, que me tengan en cuenta a la hora de elegir el quinteto inicial, que se definan unos pensamientos sin tratar de ayudar a nuestra mente... lo que puede pasar es que estas cosas nunca lleguen, porque no son consciente de que tienen que luchar por su vida. O sí, pero, ¿qué pasa mientras tanto?
No me gusta que frente a ciertas situaciones, esperemos que estas se resuelvan solas. "Tiempo al tiempo" dicen unos. Y una mierda.
Bueno, vale, puede que una mierda sí, pero no siempre.
Estoy de acuerdo en que ciertas cosas se tienen que dejar fluir. El que un jardín se forme a partir de las semillas que hemos puesto, inevitablemente requiere de tiempo. Que en un río se den las condiciones necesarias para que en el pueda desarrollarse la vida, se necesita tiempo. Aun así, el tiempo no es lo único que se necesita. ¿Verdad? Ahí está.
No podemos esperar que las cosas se resuelvan por sí solas, porque la naturaleza de las cosas puede ser que haga que no llegue nunca la solución. O que se resuelva de la forma que no queremos. ¿Qué necesidad tenemos de estar malviviendo mientras que esperamos? Pues ninguna la verdad. Aunque a veces lo hagamos.
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