jueves, 8 de mayo de 2014

Mi Arwen, mi Undómiel.

Lo que sientes cuando miras a esa chica especial a los ojos. A esa profundidad afable y pacífica que contienen esas dos preciosas perlas. Perlas que pueden ser una piedra normal y corriente para cualquier joyero experto, pero que para ti tienen más valor que el diamante más grande. Ese tierno cosquilleo que se queda palpitando en la zona de tu piel donde milagrosamente se ha producido un contacto con la suya.
El ligero temblor de cuando estás esperándola para ir a hacer algo juntos, los nervios que se apoderan de todo tu cuerpo. ¿Y qué hay del delicioso calor que te envuelve al abrazarla? Procedente de lo más maravilloso que podrías haber encontrado. En ese momento, en el que la estrechas contra ti y deseas que no se marche jamás. Cuando, cerrando tus ojos con la intención de no ver nada más que lo que tu cuerpo te está transmitiendo, apoyas tu cabeza sobre su pelo, absorbiendo su dulce y tierno aroma. Impregnándote de él. Cuando la tienes a tu lado, recostada sobre ti, y juegas con ese mismo pelo, deseando que nada os moleste en ese instante. O cuando oyes el extraordinario canto que es su risa. Cuando te mira, con la comisura de los labios alzada, con esa mirada traviesa. Cuando te traspasa la piel, la carne y el hueso para tocar tu alma, con una honda mirada serena. Firme y majestuosa.

Cualquier tontería se puede convertir en el acontecimiento que te robe el aliento por un momento que se convierte en uno de tus mejores recuerdos. No se olvidan, o no crees olvidarlos.

Borroso recuerdo de lo que una vez viví. Aunque... Creo no recordar realmente qué se siente al entrelazar los dedos por el pelo de esa chica. No recuerdo, ciertamente, cómo te sientes cuando la estrechas entre tus brazos. Recordar en verdad no puedo lo que mi cuerpo sentía y dejaba de sentir al contemplar sus ojos.

Añoro sentir todo esto. Añoro tener a una chica especial. Añoro la compañía de una musa que le de su toque a mi mundo, necesitado de aportes de color en algunos momentos. Necesitado de una melodía para darle sentido a su letra. Necesitado de un puerto donde amarrar seguro al regreso. Necesitado del respiro de un alma pura en un increíble atardecer, sentados juntos para toda la eternidad de ese perfecto instante.

Complementando con su magia, mi felicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario