Desde el punto de vista del hijo, el padre siempre trataba de ponerlo a prueba. Según le había explicado alguna vez su padre, lo hacía por su bien, para que siempre diera lo mejor de sí, para que estuviera preparado. Intentaba evitarle a su hijo los errores que a él no le habían evitado.
Aquel día, tras una buena noticia, su padre le había pedido un favor relacionado con esto mismo. El hijo lo entendió como una prueba, pese a que el padre dijo que era real, que necesitaba consultar una cosa y, puesto que el hijo había demostrado saber hacerlo, se lo había pedido a él.
No era la primera vez que el padre le hacía una consulta de este tipo. El hijo había tenido dificultades con ese tema, y su padre había intentado ayudarle de la mejor y única forma que sabía: tentándolo a seguir, a probarse; poniéndolo a prueba. Hasta aquel día el hijo siempre había respondido igual a las pruebas que su padre le tendía en relación a este mismo tema, pasaba de ellas. No obstante, aquel día decidió intentarlo.
Pese a que estaba un poco perdido, se puso con ello, sabiendo que contaba con material de sobra para realizarlo. Cuando comenzó la tarea la comenzó con entusiasmo y buen ánimo. Sabía hacer las cosas, sabía como plantearla, incluso podía ver la solución casi sin haber planteado el problema todavía. Pero como le solía pasar siempre, se atascó. Y cuando se atasca, comienza a pensar que para qué necesita él superar esa prueba. De todas formas, la preparación que él había recibido, después de todo, era hipotética y teórica, nunca había planteado un problema real.
Estos pensamientos fueron minando todo su entusiasmo y buen ánimo, hasta que, al final, decidió pasar.
Se puso a hacer otras cosas. Se puso a ver una película. Ésta iba sobre la amistad entre un individuo y su grupo en el pelotón de un ejercito británico del siglo XIX.
Cuando el padre llegó a casa, como cabía esperar, fue a preguntarle a su hijo si tenía los datos que le había consultado por la mañana. El hijo, algo irritado le preguntó unas dudas que no le habían quedado claras cuando su padre le planteó el problema. Cuando su padre se las resolvió, el hijo decidió confesarle a su padre que no estaba seguro de si su preparación era suficiente y que, por tanto, no creía que pudiera resolver el problema. Es más, le dijo que no lo haría. El padre, con una decepción palpable, se retiró del cuarto. El hijo continuó viendo la película.
Mientras tanto el padre estuvo haciendo cosas por la casa, discutiendo con su hija por unos temas. Pese a todo, al rato, antes de marcharse de nuevo de la casa, el padre fue a donde su hijo estaba viendo la película.
Cuando entró y vió de qué película se trataba, el padre le comentó al hijo que, al final de la película, morirían todos los protagonistas. Lo dijo como si todo el sufrimiento que estaba cargando el prota de la película sobre sus hombros no sirviera para nada. Conforme hizo el comentario, el padre salió de la habitación.
El hijo, obviamente mosqueado, se irritó aun más con su padre, ya que pensó que le había chafado el final de la película como castigo por el desaire de no haber intentado resolver su problema. Antes de que esta irascibilidad se expandiera por el resto de su mente, el hijo puso en práctica técnicas que había aprendido para mantener los malos pensamientos a raya, y continuó viendo la película, pese a creer saber ya el final.
Durante todo lo que duró la película, el hijo estuvo esperando todas y cada una de las muertes de los protagonistas. No obstante, el protagonista principal acaba evitando la muerte de todos sus compañeros excepto uno, dejando por mentiroso al padre.
En este punto, el hijo se para a pensar. Duda sobre con qué fin le habría mentido su padre. Bien podría ser que no se acordara bien de la película, o bien, pensó el hijo, su padre lo había hecho con otra intención. Una intención del mismo tipo que la de poner a su hijo a prueba. Cuando este pensamiento llegó a la mente del hijo, éste tomó una decisión. Se levantó, y de forma precaria, se sentó en el suelo, cogió un papel y un lápiz y, apoyándose en los apuntes de su ordenador, terminó finalmente el problema de su padre. Sabía que no podía estar cien por cien seguro de que estuviese bien, pero podría comentarle posteriormente a su padre las dudas que tenía sobre el resultado, cuando éste llegara a casa de nuevo.
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