viernes, 13 de diciembre de 2013

Qué quiero contarle al mundo. Amistad

Hace un par de semanas, conocí a una persona la cual me dió un par de consejos sobre el tema de la escritura y demás. De antemano, gracias.

Lo fundamental del tema que me comentó es que al escribir de dentro hacia fuera, las cosas salen mejor.

Pues bien, paso ahora a teclear en mi portátil todo lo que se me ocurra en este instante que quiero contar. Porque sí. Porque me hacía falta ya. O eso creo yo. No quiere decir esto que lo vaya a poner todo de golpe. 

¿Que qué quiero contarle al mundo? Son tantas cosas... 

Toda mi vida he sido una persona más bien reservada, callada. Tímida e introvertida, si así se entiende mejor. Esto fue así hasta cierto momento en que empecé a ser menos introvertido, y a la mínima de cambio podía intercambiar anécdotas y sentimientos personales con personas que más bien conocía muy poco. 
La verdad que no sabría decir si estoy mejor así o no, pero me va bien. Y con eso, de momento, me vale. 

Toda mi vida he tenido una predisposición innata por reflexionar sobre un tema en concreto. La amistad. 
Cuando era pequeño vivía en un barrio un poco apartado, por lo que tenía amigos allí, y amigos en mi clase del cole y esas cosas. Las relaciones en ambos casos eran distintas. Resulta que en el barrio eran todo chicas menos yo. Esto, de primeras, condiciona mucho a una persona. Es decir, me condicionó a mi. Quiero decir que desde entonces siempre me he relacionado más y mejor con las mujeres que con los hombres. Esto también lleva problemas. Más adelante...
En el cole tenía un grupo de amigos, lo típico de hacer los deberes juntos, invitar a cumpleaños, que en verano vayan a casa, etc.
Cuando crecimos, las relaciones empezaron a complicarse. Las chicas ya eran chicas, no niñas. Mis amigos estaban explorando nuevos mundos que a esa edad, y en la actualidad más que en mi época, era común tratar y explorar. El problema es que yo siempre he ido contra corriente. Y no me suele llamar la atención lo que a la mayoría sí. 
Por este motivo, al parecer, empecé a distanciarme de mis amigos de clase. Empecé a quedarme solo. Tendría yo unos 12 años. 
Desde entonces me han llamado de todo, y por cualquier motivo. Estoy orgulloso de decir que si esto me ha afectado de algún modo, no ha sido de forma negativa. Nunca me hundí, al menos que recuerde. Por esta edad, un poco más antes, me compré la PlayStation 2, con el juego Kingdom Hearts. Al que no haya jugado se lo recomiendo. 
Este juego trata sobre tres amigos, dos chicos y una chica. El protagonista es el elegido por un arma legendaria que sirve para combatir la oscuridad. Ésta, la oscuridad, hace que se separen. Desde ese momento, el objetivo del prota es encontrarlos, cueste lo que cueste. 
Creo firmemente que este juego también ha influido mucho en mi personalidad. Y sobre todo en el tema que ahora trato. La amistad.
Estuve en época de "soledad" durante al menos dos años. Creo que tres. Luego empecé a salir con el grupo de amigos de mi hermana. Ahí redescubrí lo que muchos llaman "el mejor amigo". Hice dos. Una chica y un chico. El contacto con ellos ahora es muy distinto. Con ella hablo muy a menudo, nos contamos nuestros problemas, nuestras alegrías, hacemos cosas juntos, aprendemos cosas juntos, etc. Con él el contacto es menor, pero sigue habiendo confianza. 

La amistad señoras y señores. Creo que la amistad es el pilar base de la humanidad. El ser humano es un animal social, y los primeros ámbitos sociales que tratamos son, a mi entender, la familia y los amigos. 
Puesto que el primero es impuesto, sea peor o mejor, queda vetado su trato. Sin embargo, a los amigos los elegimos. Elegimos con quien estar, con quien no. En cierta medida, elegimos incluso a quien conocer. 
Esto es importante. Y conlleva mucho. En función de cómo de independientes seamos, nos jugamos más o menos al elegir en quien confiar. Quiero decir. Si tenemos una autoestima firme, las ideas claras, si tenemos mentalidad abierta y somos más dados a ver el lado bueno de las cosas, la probabilidad de que una "traición" nos afecte será menor. Y lo mismo a la inversa. Cuanto más negativos seamos, cuanto menos autoestima tengamos, cuanto menos claro veamos las cosas, más nos perjudicará el hecho de que un lazo estrecho con alguien se quiebre. No estoy diciendo que si eres un dopao' de positivismo te de igual que tus amigos vayan contando tus secretos e intimidades por ahí a cualquiera, que no te avisen para quedar, que no te ayuden cuando lo necesites... No. No te va a dar igual. Pero si algo de eso pasa y tienes la cabeza bien amueblada, sabrás actuar en consecuencia, tratar el caso de forma objetiva y conseguir dos cosas, o arreglar la situación, o procurar que no se repita.

Por otro lado, la amistad se puede dar de forma casual, cuando conoces a alguien y enseguida coges 'feeling' con él o ella. O puede trabajarse día a día. Ir cogiendo confianza poco a poco. Hay amistades que necesitan aportes continuos por parte de las dos personas para que se mantengan igual de estables, y otras que pese a estar un tiempo sin hablar, sin tratar, o sin saber nada, continúan siendo verdaderos lazos de amistad.
 En cualquier momento de nuestra vida podemos encontrar ese amigo que estábamos esperando encontrar. 
Hacemos amigos durante toda nuestra vida, nos socializamos constantemente. Unos se quedan, otros se van, y otros vuelven. 

No dudo de que me falten cosas por añadir sobre este tema. Sin embargo, ahora mismo he agotado el pozo que tengo... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario