viernes, 13 de diciembre de 2013

Que quiero contarle al mundo. Juicios.

Estoy muy friki últimamente con esto de la psicología positiva, inteligencia emocional y demás. Lo de "ser friki" de esto es lo que decía Juan Planes en el seminario de "Desata Tu Potencial". Pero es que es verdad. Cuando tienes una receta para hacer mejor un pastel, te pones con ella hasta que te sale el pastel bien. Pues con esto igual.

Cuando tienes una metodología sencilla a seguir para ser mejor persona, más equilibrado, más feliz... Te pones con ello. Pero hacer personas es más difícil que hacer pasteles. En principio.

No juzgar; vivir el día a día, el momento, el aquí y el ahora; aprender a digerir la parte negativa de nuestro diálogo interno, para que cada vez sea menor; ser positivo; compartir. Escuchar activamente, identificar nuestros sentimientos en cada instante, saber qué hacer con ellos. Pedir lo que queremos, no esperar nada de nadie. Razonar las cosas, no imaginarlas. Constancia, objetivos claros. Y muchas cosas más que hay en todo este mundo que descubrí hace poco.

Lo dicho, la receta es fácil de leer, apuntar, tener en cuenta. Lo difícil es aplicarla.

Quiero contarle al mundo, para continuar con el proyecto este, ahora en concreto, lo que pienso, opino, siento, en relación a "el juicio".

Nos han enseñado desde temprano a juzgar todo lo que vemos, oímos, sentimos. Cuando vemos a una persona con un piercing en la nariz, (por ejemplo) esos que se llaman septum, creo que era, lo primero que podríamos pensar es, "mira, un/una hippie", "mira, seguro que fuma", "mira, qué cosa más fea, un hierro ahí en la nariz". ¿Y por qué no podemos dejar de pensar, y simplemente vivir?. Es chocante ver a alguien con un pendiente en la nariz, o cualquier otra cosa "no usual", pero por este mismo motivo. Estamos tan mal acostumbrados a las costumbres... Que cuando alguien o algunos se salen de la corriente ya tenemos que etiquetarlos como "extraviados".
Sí, hoy día la gente está tomando más conciencia sobre estas cosas y empezamos a callarnos cuando vemos cosas así. Sí, callarnos. Porque el juicio lo seguimos haciendo la mayoría de las personas.
Cuando alguien hace las cosas de un modo distinto hay algo que hace que nos demos cuenta de ello. Como si por el simple hecho de no ser lo común llevara un cartel luminoso para llamar la atención de cuanta más gente mejor.

La necesidad de juzgar a los demás, de ver qué hacen, qué no hacen, como lo hacen o como no lo hacen. De incluso intentar averiguar por qué lo hacen sin ni siquiera conocerlos, está muy extendida entre todos nosotros.

Porque todos, en mayor o menor medida, todos, juzgamos. Todos. Cuando decimos, esa chica es fea, o ese chico me cae mal, estamos juzgando. ¿Por qué no decir mejor, no me gusta el aspecto de esa chica, ya que esa es tu visión de ella, lo cual implica que no quieres hacerlo general, si no que es solo lo que tú sientes respecto a la contemplación de ella, y ya está? ¿Por qué no decir mejor que no compartes las ideas de una persona, o que no estás cómod@ con su comportamiento, ya que eso es lo que sientes respecto a el/ella, y no lo juzgas por ello, todo lo contrario de decir "me cae mal"? Las personas no nos caen encima. Todos no tenemos los mismos gustos para decir que una chica sea fea porque a ti no te gusta. Dejémonos de tonterías.

Al fin y al cabo, lo que hacemos es fijarnos en los demás, les sacamos pegas, les aplicamos juicios, como método o escape para tener que averiguar, y lidiar posteriormente, lo que sentimos respecto a esa vivencia, ese momento, ese acto, esa persona...

Pero claro, ahora me llamaréis cursi. ¿Sentimientos? ¿Que no me guste el aspecto de una chica es un sentimiento? A mi modo de ver, sí. Porque, por poner una razón como podría valer cualquier otra, si no te gusta el aspecto de alguien es porque no te sientes atraído por esa persona. Lo cual implica que sí hay rasgos físicos que te atraen y, por tanto, te gustará el aspecto de quien los posea.
Los sentimientos son "cosas" que están ahí constantemente, no dejan de fluir por nosotros. E igual que el río acaba encauzando todas sus aguas en un mismo lecho para llegar a un punto de manera satisfactoria, si nosotros encauzamos nuestros sentimientos, les aplicamos orden, sabemos cuáles son y qué hacer con ellos, seremos más efectivos en la materia de lo que viene siendo vivir.

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