sábado, 19 de abril de 2014

Siente, piensa, haz. Juégatela.

Las emociones son inherentes al ser human. Van con nosotros. Son parte de la naturaleza, al igual que muchas otras cosas. No obstante, éstas son lo que más habitualmente nos podemos encontrar sin que tenga que aparecer el human de por medio. Los animales tienen sentimientos, por ejemplo.

Pensar, debería venir después de que surjan las emociones. Principalmente para identificar cuál es la emoción que nos invade en cada momento. Y después de identificarla, hay que saber qué hacer con ella.

Hacer. Una vez que sabemos qué es lo que estamos sintiendo, podremos decidir qué hacer en consecuencia. Porque, ¿hay algo más improductivo que hacer algo en contra de lo que sientes? I don't think.

Por tanto. En el proceso de elección del qué hacer, debemos sopesar los pros y los contra. Porque muchas veces lo que nos dice el corazón no es lo más lógico. Porque a veces lo que el cuerpo entero está dispuesto a hacer no es lo más sensato. Nuestro instinto nos empuja en ciertas direcciones frente a ciertas situaciones.

¿Hay algo más poderoso que aquel human que se atreva a dejar libres a sus sentimientos, pudiendo identificarlos y reaccionar en consecuencia? No lo creo.

Juégatela.

...

Tu tienes tu cultura, yo tengo la mía.

Tu tienes unos conocimientos, yo tengo otros.

Tu, tu tienes tus creencias y yo... yo tengo las mías.

Tu sabes de unas cosas, y yo, claro, sé de otras.

La mayoría coincidirán, pero habrá algunas que no.

Opuestas o compatibles, nuestras diferencias son apreciables.

Pero, ¿y sí en vez de resaltar este hecho y enfrentarnos a su causa, no nos complementamos el uno al otro, pariendo algo que este mundo no había visto ni verá jamas?

A saber, tu y yo, entendiéndonos, compartiendo, haciendo causa común. Siendo el uno amigo del otro.

¿Increíble? No lo creo. ¿Imposible? Solo si tu no estás... ¿dispuesta?

martes, 8 de abril de 2014

Las idas y venidas de una cabeza atormentada por la constante presión. El futuro ahí delante, el presente bajo sus pies, y de su pasado siente el aliento en la nuca.

Porque hay mentes que han nacido para volar, y lo merecen. Pero hay otras que han nacido para correr, para andar, para nadar o para bucear, y éstas también lo merecen. Seguir los sueños no implica tener el camino claro.

Y si no tienes el camino claro, te dedicas a intentar visualizarlo. Y en esa dedicación inviertes tiempo. Si el tiempo invertido es insuficiente, puedes hallarte errándo sin rumbo. Si el tiempo es demasiado, puedes hallarte parado. Si el tiempo es justo. Bueno, no hay profesionales en el arte de la vida. Solo hay gente que vive, y gente que dejar la vida pasar.

viernes, 28 de marzo de 2014

Feliz, feliz en tu día,
amiguitos que Dios te bendiga,
que reine la paz en tu día,
y que cumplas muchos más.

¿Os habéis parado a pensar en el profundo mensaje que transmite esta canción popular?

Partimos de la premisa que se entona como un deseo hacia la persona que cumple años.

Pues bien, primero te desean que seas feliz en ese día tan especial. Que bueno, para mi parecer, no es que esté mal, pero soy de los que piensan que mejor si estás feliz más veces al año, ¿no? Que vale, que te lo desean especialmente en ese día, que no quiere decir que no vayas a tener más días felices hasta el siguiente cumpleaños, pero bueno, así soy yo.

A continuación viene la frase con la pretensión de que a los amigos que tengas, sean pocos, muchos, altos, bajos, más mejores, o más peores, resumiendo, que Dios te los bendiga. Esto, dejando a parte análisis de teología y pollas en vinagre, es lo más hermoso de la canción, a mi entender. Porque feliz puedes serlo por ti mismo. Y que cumplas muchos más depende de muchos factores. Que no haya "guerra" el día de tu cumpleaños tiene muchas interpretaciones.

Pero desearle a alguien, en un momento tan especial como es cumplir años, que se protejan y cuiden de la forma más poderosa posible a las personas que has elegido tener contigo, eso, es algo muy bonito.
No me gusta que se dejen las cosas destinadas al azar. Porque cuando se deja la vida de un pájaro en las manos de nada, es el pájaro el que lucha por su vida. Pero si dejamos a la deriva que alguien se ponga en contacto con nosotros, que el examen llegue sin habernos preparado bien, que ella de el primer paso, que la otra persona pida perdón, que me toque la lotería, que me tengan en cuenta a la hora de elegir el quinteto inicial, que se definan unos pensamientos sin tratar de ayudar a nuestra mente... lo que puede pasar es que estas cosas nunca lleguen, porque no son consciente de que tienen que luchar por su vida. O sí, pero, ¿qué pasa mientras tanto?

No me gusta que frente a ciertas situaciones, esperemos que estas se resuelvan solas. "Tiempo al tiempo" dicen unos. Y una mierda.

Bueno, vale, puede que una mierda sí, pero no siempre.

Estoy de acuerdo en que ciertas cosas se tienen que dejar fluir. El que un jardín se forme a partir de las semillas que hemos puesto, inevitablemente requiere de tiempo. Que en un río se den las condiciones necesarias para que en el pueda desarrollarse la vida, se necesita tiempo. Aun así, el tiempo no es lo único que se necesita. ¿Verdad? Ahí está.

No podemos esperar que las cosas se resuelvan por sí solas, porque la naturaleza de las cosas puede ser que haga que no llegue nunca la solución. O que se resuelva de la forma que no queremos. ¿Qué necesidad tenemos de estar malviviendo mientras que esperamos? Pues ninguna la verdad. Aunque a veces lo hagamos.


Hoy hace 21 años que me comuniqué por primera vez con la vida. No fue con palabras, obviamente. Fue con un llanto. Y la verdad es que, pese a tener una memoria nada desdeñable, no recuerdo muy bien el tono que empleé. Seguro que mi madre sí que lo recuerda. Pero sea cual fuese el tono, seguro que a la vida le quedó claro el mensaje. ¿Por qué? Porque, veintiún años después, estoy bastante satisfecho con lo que he vivido.

Han sido unos años cruciales en mi vida, puesto que son los primeros, en los que se centran el aprendizaje, el crecimiento, el descubrimiento. La exploración, el romance y, repito de nuevo, el crecimiento. He vivido experiencias sustancialmente agradables, y también desagradables. Pero tanto de unas como de otras, he aprendido algo, creciendo nuevamente. Y con cada experiencia ganas pues eso, experiencia.

Aprendí a admirar a las grandes figuras ermitañas que se me ha dado ocasión de conocer. No en persona, pero sí a tener consciencia de ellas. No voy a hacerme el "friki" y a nombrarlas aquí, no. No hace falta, seguro que hay muchas personas que me conocen que sabrían decir alguna. De ellas admiro... No, todavía no voy a desvelar ese preciado secreto, pese a que muchos creen saberlo. 

El caso es que, durante estos años he conocido a muchas personas, todas ellas increíbles. Ya que todas eran, ciertamente, personas. Y querría agradecerles de esta forma modesta el haber formado parte de mi vida. 

En primer lugar, quiero dar gracias a mis padres. Porque, sin ellos, la vida no habría tenido la oportunidad de conocerme, ni yo de conocerla a ella. Gracias por todos los sacrificios, diarios, que lleváis haciendo desde hace algo más de 21 años. Aunque parezca que no, hay unas pocas veces en las que llego a darme cuenta, aunque sea vagamente, de todo lo que hacéis por mí. Gracias por ello. Y perdón por no demostrar este agradecimiento más a menudo, y de formas más prácticas. 

En segundo lugar, a mis abuelos, gracias. Porque habéis sido y sois unos segundos padres. 

En tercer lugar, al resto de mi familia. Que aunque parezca que soy algo huraño, también os llevo cerquita. Gracias por acompañarme, por enseñarme, aconsejarme, cuidarme, quererme y respetarme. 

En cuarto lugar, a la familia escogida. A mis amigos y amigas. A todos vosotros, que habéis entrado en mi vida, unos con más casualidad que otros. Gracias. Por estos 21 años cargados de compañerismo, confianza, camaradería, secretismo y alegrías. Gracias por compartir conmigo vuestras vidas y por hacer de la mía algo más de en lo que podría haber quedado.

En quinto lugar, a todos aquellos que habéis formado parte de la plantilla educativa. Mª Teresa, Mari Sol, Manolo, Amparo, Pilar, Raquel, Mayka, Amable, Paco, Paco, Victor, Paola, Trini, Cristina, El profe de historia de 4º, de cuyo nombre no me acuerdo. ¿Pepe? No sé. Juan Carlos, Javi, Teresa, Manolo... Sois muchos y más. Todos vosotros me habéis enseñado algo más que matemáticas, lengua, inglés, física, química, valenciano, construcción... Gracias por cumplir con vuestro deber de la forma que mejor habéis podido. Se aprecia que los que enseñan lo hagan con voluntad, pues así los enseñados aprenden algo más, y mejor.

Y por último, aunque no menos importante, al resto de personas que habéis estado, y estáis, en mi vida. Gracias. Conocidos, compañeros, adversarios. A todos los que habéis aportado a mi vida algo útil, gracias. En este apartado, cabe hacer una mención especial a todos aquellos que se dedican al coaching. Pues sin ellos, este texto probablemente no se habría ni rumiado en mi mente. 

No quiero enrollarme más. Todos habéis estado, algunos para quedaros, y otros, por suerte o por desgracia, para marcharos. Pero todos habéis contribuido a lo que hoy soy. Y como estoy contento de ser lo que soy, pese a que no niego que no voy a dejar de intentar ser mejor, os lo agradezco.

Vida, mantén la actitud, acuérdate de lo que te dije con mi primer llanto. Gracias. 


sábado, 22 de marzo de 2014

El mundo, contigo.

Entra un chico al restaurante. Alto, pelo oscuro, y con una sonrisa iluminando a su paso. Antes de entrar, le mantiene la puerta a una señora que salía del local en ese instante. Ella le dedica una amplia sonrisa al muchacho y le da las gracias alegremente. El chico le responde con un "¡no es nada, mujer!" y le devuelve la sonrisa. La anciana parece estirarse unos centímetros, ampliando todavía más su sonrisa.

El chico pasa adentro, con paso alegre, animado. Los hombros centrados, su pose transmite la seguridad que solo los jóvenes que creen que pueden realizar cualquier tarea, por difícil que sea, poseen. Se detiene a una distancia razonable de la puerta, donde no moleste a la gente que quiera salir o entrar, pero desde donde pueda abarcar todo el recinto con una mirada. Y eso hace. Pase sus ojos castaños por todas las personas que se encuentran allí dentro en aquel instante. Asiente satisfecho al comprobar que está bastante concurrido. Ve una mesa libre, pero en vez de dirigirse a ella, se encamina a la barra. Esta está completamente vacía por lo que elige un taburete al azar y se sienta. Encuentra una carta con los menús y los platos y se pone a ojearla.

Al cabo de un breve momento una voz, clara, algo apagada, le pregunta "¿Qué desea tomar el señor?". Éste levanta la vista de la carta y, atónito, contempla un rostro bello a más no poder. El pelo castaño recogido en una coleta baja atrás, en la nuca. La tez clara queda enmarcada por dos mechones libres a cada lado de su cara. Sus ojos azules, realzados por un poco de maquillaje, parecen despedir un breve chispeo cuando el chico la mira directamente a ellos. Sus labios, redondos, carnosos, perfectos, forman una fina línea, parte del uniforme que ella se ponía cada vez que iba a trabajar. Sin poder despegar su mirada de la suya, el chico contesta "Quiero comerme el mundo". De pronto, un bigbang tiene lugar en la sala. Por un momento, la chica dejar ver sus blancos dientes en un esbozo de sonrisa. El chico, sin aliento, no puede hacer otra cosa más que maravillarse con la perfección de ese amago momentáneo que parece dar luz, no solo al mundo entero, sino al universo por completo. 

Ella, curiosa por la respuesta del joven, harta de la monotonía de aquel lugar, del mal humor de su jefe, de la sensación de estancamiento que le producía estar tanto tiempo allí encerrada para poder pagarse sus estudios, contesta: "Y, ¿cómo lo prefiere, con guarnición de patatas, de pimientos a la plancha, o sin guarnición?". Termina la pregunta con otro resquicio de sonrisa que parece apoderarse de todo el aire que ocupaba el restaurante. El chico completamente embelesado por la belleza que tenía delante de sí, totalmente descompuesto por la suerte que parecía tener, de pronto, se pone tenso en el taburete. Estira la espalda, poniéndose totalmente recto. Ahora, sus ojos quedaban a la altura de los de ella que, avergonzada por su inesperada espontaneidad, se encontraba con la cabeza gacha, alza sus ojos para observarle.

Tras inspirar fuertemente, hinchando su pecho como un ave presto a cortejar a una hembra, dice con toda la seguridad que pudo reunir en ese momento: "Quiero comerme el mundo, contigo. Para acompañarlo, me gustaría beber del manantial que se esconde tras esa profunda mirada. Y de postre, tomaremos tarta de luna, aderezada de estrellas." 

lunes, 24 de febrero de 2014

He empezado a escribir algo parecido a unas memorias. La idea ha nacido de una combinación de recuerdos de películas, libros, o series en las que el protagonista escribía a un amigo imaginario, una abuela o abuelo que murió, un padre o una madre que perdió... Todos tienen en común que lo que va a ser escrito no va a ser leído por sus destinatarios, y puede que por nadie más que el autor o autora.

Y es que es así como me siento. Últimamente mis pensamientos me han llevado a concluir que no necesito compartir lo que pienso como solía hacer. Sino que lo que voy a hacer es lidiar con ello yo solo, fijándome en todos los giros, reversos y vueltas que dan mis pensamientos, y así tratar de conocerme mejor.

No es nada fácil, por supuesto. Y menos para mi, que estoy acostumbrado a comentar mis derivaciones con mis más allegados... Aunque éstos no tengan nada que ver, y aunque pueda que les de igual. Yo soy de compartirlo. No sé, pensaba que así tendría una segunda opinión que esclarecería el problema, si de ello se tratase, o que cambiaría el punto de vista.

Pero hasta ahora llevaba haciéndolo así, y no sé, quizá pensé que tenía que dar un cambio en mi vida. Y quizá este cambio es el más asequible por el momento.

Quizá la decepción me hizo cambiar, como una esporádica amiga me dijo que había hecho ella misma.

O simplemente lo que pasa es que me falta algo, me falta alguien, y hasta que no lo arregle no voy a sentirme predispuesto a hacer con otras personas lo que hacía con ella.

Quizá le doy demasiada importancia a las cosas. Cosas que igual no la tienen. O quizá tengo razón, tal y como mi experiencia personal en este tema en concreto me dice.

Quizá parezca que esto no sirve de nada, pero llevaba mucho sin escribir, y no quería perder el ritmo del todo. La última vez fue por mucho tiempo.

martes, 14 de enero de 2014

Un fondo oscuro con un resplandor en su centro. La cámara enfoca a un objeto deslizándose hacia las profundidades. En su lento descenso va describiendo una suave y rítmica espiral que cautiva a una mente observadora. Allí está, dejándose hechizar por el armónico movimiento de ese objeto. Podría ser una piedra blanca dejada caer sobre el agua. Una lámina negra, firme como si de un suelo de granito se tratase. Pero no hay ni rastro de las típicas ondas que surgen cuando un cuerpo penetra la sólida barrera constituida por el agua. El resplandor y su anonimato lo incomoda. Quiere saber qué es. Qué lo produce. No entiende que en el fondo de algo tan oscuro pueda haber algo que resplandezca. No es un resplandor brillante y cegador. Es más como la luz tenue de una hoguera moribunda. Un resplandor vago, pero constante. Que va y viene con la misma musicalidad que la espiral descrita por el objeto que se hunde. La mente, absorta en la matemática subyacente del momento. La lógica que lo domina. Que lo rodea. Que lo define. La incertidumbre que lo envuelve. La incógnita por descubrir. ¿De dónde ha salido? Cada vez más, su mente arrastra hacia lo más hondo del estanque. ¿Estanque? No. Tampoco es un lago, ni un pantano. No. Es más como un cubo de paredes negras, cubierto por una plataforma oscura. Con una gran piedra blanca, de cantos redondos, donde la mente observadora y su propietario y portador están situados, mirando hacia abajo. Hacia la cautivadora espiral y el objeto que la produce. La piedra blanca flota sobre la superficie del agua, sin llegar a entrar en contacto con ella. Y el propietario de la mente flota a su vez sobre esa piedra, mientras su mente solo puede estar centrada en lo maravilloso del apacible movimiento del objeto desconocido. No se extraña de su situación, ni del hecho de que pueda flotar sobre una piedra que a su vez flota sobre el agua. No se pregunta dónde está, ni por qué está ahí. El objeto y su espiral lo tienen sumido en una profunda latencia.

miércoles, 8 de enero de 2014

Inspiración

La vida es como el mundo. Algo maravilloso. Desconcertante, complejo, lleno de sorpresas, esperadas e inesperadas. Con zonas increíblemente bellas y otras zonas, en cambio, donde han tenido lugar horrorosas guerras. Hay zonas que debemos proteger de todos. Este deber viene impuesto como un mecanismo de defensa. Y ese mecanismo ha sido activado deliberada o involuntariamente, depende del caso, por culpa de otras personas. Indecentes, irrespetuosas, con oscuros e impropios propósitos. 

Por ello, tendemos a privar a algunas personas de algo único, propio y, sobre todo, especial. Debido a la mala fe de uno o dos casos excepcionales, aislados y que no se merecen, ni se merecían, el privilegio que en su día les otorgamos y perjudicaron, despreciaron, maltrataron... Pero podría ser que la proporción sea mayor, que haya muchas personas que no sean capaces de apreciar...

De apreciar un árbol majestuoso, antiguo, robusto, de fuertes ramas y frondosa copa, alta como un edificio. Un riachuelo, pequeño, de aguas cristalinas, emitiendo destellos plateados cuando la luz del sol las baña, que corre rápido y discreto componiendo una suave y natural canción. Una canción capaz de apaciguar a la más fiera bestia que pueda habitar en su mismo ecosistema. Un paisaje. Un paisaje que pueda embaucar a miles de personas solo con que le dediquen una fugaz mirada de soslayo. Y por culpa de esos "otros", que pueden ser muchos o pocos, a la vez, o esparcidos en el tiempo, nos cerramos. Y colocamos una verja que separa, que recoge y aleja nuestro precioso paisaje.

Y cuando alguien nuevo se nos presenta en la vida, cuando llegamos a una parte inesperada del mundo, estamos seguros, y somos adustos. Puede que algunos nos coloquemos una máscara con una sonrisa peor o mejor dibujada. Pero esa sonrisa pocas veces llega a los ojos. Pero en realidad estamos alerta, protegiendo, no ya el paisaje simplemente, si no que marcamos un perímetro de seguridad frente a la verja. Algunos incluso construyen un foso entre el mundo y ese hermoso paisaje.

Entonces, cuando esa persona llega demasiado lejos, casi rozando la malla metálica de nuestra peculiar verja, cuando empieza a concebir una ligera, diminuta y vaga idea de ese paisaje, especial e íntimo, que está al otro lado, conectamos la corriente. Le damos a nuestra amenazadora verja, más poder persuasor. Sacamos los cañones y los colocamos en las torretas de esa hostil verja. Tendemos a espantar, como si de un enemigo mortal y letal se tratara, a ese alguien que ha osado mirar nuestro paisaje, haciendo que huya como un cervatillo asustado.

¿Por qué? 

Porque otros nos han hecho aprender, del peor modo que se puede enseñar algo a alguien, a través del miedo, que es doloroso que alguien pueda disfrutar de las vistas, de la sensación que produce nuestro paisaje. Que puede conllevar sufrimiento el hecho de que alguien descubra el más significativo y llamativo rincón de nuestro mundo. 

Lo que nuestro "vallador" particular, lo que nuestro "jefe de seguridad" interno no logra entender, ya sea porque tiene una venda puesta en los ojos, o porque aparta la vista de esa realidad, es que no todas las setas del bosque son venenosas. No todas las personas buscan hacernos daño.

Podríamos...

Puede que estemos apuntando con nuestros cañones a un gran artista, un gran pintor deseoso de plasmar en un lienzo la magnificencia que ha visto en su ligera, diminuta y vaga idea de nuestro paisaje. O, a un buen poeta, de buen corazón y hermosas palabras que busca y encuentra la inspiración en este tipo de paisajes y que, sin duda, habría escrito una maravillosa poesía basada en el nuestro. Podríamos estar echando violentamente, a patadas, a un versado músico que podría escribir una soberbia canción que narrase la majestuosidad de ese gran paraje.

O, mucho más sencillos, no sé si más común, y mucho más cruel e injusto. Existen en la tierra personas que están perdidas, torturadas por sus pensamientos, incapaces de sobreponerse a una desgracia. Existen también personas llenas de buena voluntad y de frágil corazón que necesitan de la belleza y de la tranquilidad, del confort que puede proporcionar un paisaje como el nuestro en un mundo ajeno al suyo. Podríamos estar expulsando de nuestros dominios a una persona que, al igual que nuestra más fiera bestia, encuentra la calma en nuestro riachuelo, encuentra la paz y la armonía entre los árboles y piedras, hierbas e insectos de nuestro paisaje. Ese paisaje que tan celosamente hemos aprendido a guardar y a proteger de todo. Pero...

Pero eso no es todo. Mucho más grave aun. A base de costumbre, al dilatar en el tiempo el aislamiento al que sometemos esa importante y singular parte de nosotros, podríamos llegar a excluirnos a nosotros mismos. Podríamos perder el acceso, tan privilegiado, a nuestro pequeño, o inmenso, paraje, acabando con todo lo bueno que nos puede aportar. Cerrando nuestro paisaje a los demás, podemos también cerrárnoslo a nosotros mismos. 

Y el desastre, la calamidad, la tragedia, podría llegar a más. Nuestro paraje, olvidado y oculto hasta de nosotros mismos, podría perder su color. Su luminosidad. Podría llegar a decaer el ánimo de sus preciosas aves, guiadas por la soledad a su extinción, privando al resto de componentes de su majestuoso vuelo. El riachuelo podría perder el cauce, dejando de fluir, apagándose...

La fiera bestia que tan mansamente se había aplacado y que había encontrado su paz allí, volvería a despertar esa terrible parte de sí misma. Al verse sin aquello que la calmaba podría comenzar a hacer cosas horribles y aumentar así el alcance y la amplitud de la catástrofe. Ese hermoso paisaje, que en su día era incluso mágico, dejaría de serlo. Perdería su ser propio, aquello que lo hacía particular. Y nosotros seríamos entonces menos nosotros mismos, y más algo común. El músico, el poeta y el pintor se quedarían sin algo que los alentaba. Esa persona que podría haber encontrado un rincón agradable en nuestros ser, en nuestro mundo, se quedaría ahora más perdida de lo que ya estaba, con la certeza de que, pese a estarle vedado, ese paisaje ya no existe. Solo queda una sombra de lo que era, si es que algo llega a quedar tras esa verja metálica, fría, desalmada.

Y el mundo, bueno, el mundo perdería una parte de sí mismo. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Qué quiero contarle al mundo. Confianza

Ser capaz de confiar en la gente. Dar un primer paso. Como si se tratara de una casa con doble puerta en la entrada. La primera la abrirías a cualquiera. Más o menos. No. Esto no es realmente lo que quiero decir.

Lo que quiero decir es saber darle una oportunidad a una persona. Confiar en ella si la situación lleva a ello. No cerrarse a nadie, solo distinguir de primera mano los que quieren algo y los que lo hacen porque son así. Un poco solo. Tampoco mucho.

Lo que intento transmitir es que no juzguemos a nadie. Si nos encontramos con un completo desconocido por la calle y nos trata como si fuésemos amigos amigos de toda la vida, que no sea lo primero un acto reflejo de desconfianza. Estamos de acuerdo, supongo, que si nos dice de acompañarle a si casa o a algún otro sitio "extraño", habrá que pensarlo dos veces. Pero que el hecho de que alguien que no nos conoce de nada nos brinde un trato familiar no sea recibido por nuestra parte y de primera mano con desconfianza.

Y claro, diréis, ¿y si traicionan nuestra confianza? ¿Y si nos hacen daño y nos tratan de pisar? ¿Confiar por confiar, por que sí, no será peligroso para uno/a mismo/a?

Pues sí. Pero solo en la medida en la que tú hayas confiado y el valor que le des a la "traición" si la hubiera. Sobretodo al valor que tu le atribuyas a ese daño que dices que te han hecho. Las cosas nos duelen, nos hieren; las personas nos decepcionan, en la medida en que nosotros le damos valor a ese dolor, a esa herida, a esa decepción. En un primer momento, está claro, es muy difícil evitar el dolor. Pero su prolongación en el tiempo no depende de nadie más que de nosotros mismos.

Aprendamos a aceptar que las cosas pasan y que, después de que sucedan, somos nosotros y nadie más los que decidimos qué hacer.

Tengamos el valor de no atribuirle valor a las cosas negativas que nos pasan para poder vivir y relacionarnos y convivir mejor, con los demás, con el mundo. Y sobre todo, con nosotros mismos.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Desde el punto de vista del hijo, el padre siempre trataba de ponerlo a prueba. Según le había explicado alguna vez su padre, lo hacía por su bien, para que siempre diera lo mejor de sí, para que estuviera preparado. Intentaba evitarle a su hijo los errores que a él no le habían evitado.

Aquel día, tras una buena noticia, su padre le había pedido un favor relacionado con esto mismo. El hijo lo entendió como una prueba, pese a que el padre dijo que era real, que necesitaba consultar una cosa y, puesto que el hijo había demostrado saber hacerlo, se lo había pedido a él.

No era la primera vez que el padre le hacía una consulta de este tipo. El hijo había tenido dificultades con ese tema, y su padre había intentado ayudarle de la mejor y única forma que sabía: tentándolo a seguir, a probarse; poniéndolo a prueba. Hasta aquel día el hijo siempre había respondido igual a las pruebas que su padre le tendía en relación a este mismo tema, pasaba de ellas. No obstante, aquel día decidió intentarlo.

Pese a que estaba un poco perdido, se puso con ello, sabiendo que contaba con material de sobra para realizarlo. Cuando comenzó la tarea la comenzó con entusiasmo y buen ánimo. Sabía hacer las cosas, sabía como plantearla, incluso podía ver la solución casi sin haber planteado el problema todavía. Pero como le solía pasar siempre, se atascó. Y cuando se atasca, comienza a pensar que para qué necesita él superar esa prueba. De todas formas, la preparación que él había recibido, después de todo, era hipotética y teórica, nunca había planteado un problema real.

Estos pensamientos fueron minando todo su entusiasmo y buen ánimo, hasta que, al final, decidió pasar.
Se puso a hacer otras cosas. Se puso a ver una película. Ésta iba sobre la amistad entre un individuo y su grupo en el pelotón de un ejercito británico del siglo XIX.

Cuando el padre llegó a casa, como cabía esperar, fue a preguntarle a su hijo si tenía los datos que le había consultado por la mañana. El hijo, algo irritado le preguntó unas dudas que no le habían quedado claras cuando su padre le planteó el problema. Cuando su padre se las resolvió, el hijo decidió confesarle a su padre que no estaba seguro de si su preparación era suficiente y que, por tanto, no creía que pudiera resolver el problema. Es más, le dijo que no lo haría. El padre, con una decepción palpable, se retiró del cuarto. El hijo continuó viendo la película.

Mientras tanto el padre estuvo haciendo cosas por la casa, discutiendo con su hija por unos temas. Pese a todo, al rato, antes de marcharse de nuevo de la casa, el padre fue a donde su hijo estaba viendo la película.
Cuando entró y vió de qué película se trataba, el padre le comentó al hijo que, al final de la película, morirían todos los protagonistas. Lo dijo como si todo el sufrimiento que estaba cargando el prota de la película sobre sus hombros no sirviera para nada. Conforme hizo el comentario, el padre salió de la habitación.

El hijo, obviamente mosqueado, se irritó aun más con su padre, ya que pensó que le había chafado el final de la película como castigo por el desaire de no haber intentado resolver su problema. Antes de que esta irascibilidad se expandiera por el resto de su mente, el hijo puso en práctica técnicas que había aprendido para mantener los malos pensamientos a raya, y continuó viendo la película, pese a creer saber ya el final.

Durante todo lo que duró la película, el hijo estuvo esperando todas y cada una de las muertes de los protagonistas. No obstante, el protagonista principal acaba evitando la muerte de todos sus compañeros excepto uno, dejando por mentiroso al padre.

En este punto, el hijo se para a pensar. Duda sobre con qué fin le habría mentido su padre. Bien podría ser que no se acordara bien de la película, o bien, pensó el hijo, su padre lo había hecho con otra intención. Una intención del mismo tipo que la de poner a su hijo a prueba. Cuando este pensamiento llegó a la mente del hijo, éste tomó una decisión. Se levantó, y de forma precaria, se sentó en el suelo, cogió un papel y un lápiz y, apoyándose en los apuntes de su ordenador, terminó finalmente el problema de su padre. Sabía que no podía estar cien por cien seguro de que estuviese bien, pero podría comentarle posteriormente a su padre las dudas que tenía sobre el resultado, cuando éste llegara a casa de nuevo.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Que quiero contarle al mundo. Juicios.

Estoy muy friki últimamente con esto de la psicología positiva, inteligencia emocional y demás. Lo de "ser friki" de esto es lo que decía Juan Planes en el seminario de "Desata Tu Potencial". Pero es que es verdad. Cuando tienes una receta para hacer mejor un pastel, te pones con ella hasta que te sale el pastel bien. Pues con esto igual.

Cuando tienes una metodología sencilla a seguir para ser mejor persona, más equilibrado, más feliz... Te pones con ello. Pero hacer personas es más difícil que hacer pasteles. En principio.

No juzgar; vivir el día a día, el momento, el aquí y el ahora; aprender a digerir la parte negativa de nuestro diálogo interno, para que cada vez sea menor; ser positivo; compartir. Escuchar activamente, identificar nuestros sentimientos en cada instante, saber qué hacer con ellos. Pedir lo que queremos, no esperar nada de nadie. Razonar las cosas, no imaginarlas. Constancia, objetivos claros. Y muchas cosas más que hay en todo este mundo que descubrí hace poco.

Lo dicho, la receta es fácil de leer, apuntar, tener en cuenta. Lo difícil es aplicarla.

Quiero contarle al mundo, para continuar con el proyecto este, ahora en concreto, lo que pienso, opino, siento, en relación a "el juicio".

Nos han enseñado desde temprano a juzgar todo lo que vemos, oímos, sentimos. Cuando vemos a una persona con un piercing en la nariz, (por ejemplo) esos que se llaman septum, creo que era, lo primero que podríamos pensar es, "mira, un/una hippie", "mira, seguro que fuma", "mira, qué cosa más fea, un hierro ahí en la nariz". ¿Y por qué no podemos dejar de pensar, y simplemente vivir?. Es chocante ver a alguien con un pendiente en la nariz, o cualquier otra cosa "no usual", pero por este mismo motivo. Estamos tan mal acostumbrados a las costumbres... Que cuando alguien o algunos se salen de la corriente ya tenemos que etiquetarlos como "extraviados".
Sí, hoy día la gente está tomando más conciencia sobre estas cosas y empezamos a callarnos cuando vemos cosas así. Sí, callarnos. Porque el juicio lo seguimos haciendo la mayoría de las personas.
Cuando alguien hace las cosas de un modo distinto hay algo que hace que nos demos cuenta de ello. Como si por el simple hecho de no ser lo común llevara un cartel luminoso para llamar la atención de cuanta más gente mejor.

La necesidad de juzgar a los demás, de ver qué hacen, qué no hacen, como lo hacen o como no lo hacen. De incluso intentar averiguar por qué lo hacen sin ni siquiera conocerlos, está muy extendida entre todos nosotros.

Porque todos, en mayor o menor medida, todos, juzgamos. Todos. Cuando decimos, esa chica es fea, o ese chico me cae mal, estamos juzgando. ¿Por qué no decir mejor, no me gusta el aspecto de esa chica, ya que esa es tu visión de ella, lo cual implica que no quieres hacerlo general, si no que es solo lo que tú sientes respecto a la contemplación de ella, y ya está? ¿Por qué no decir mejor que no compartes las ideas de una persona, o que no estás cómod@ con su comportamiento, ya que eso es lo que sientes respecto a el/ella, y no lo juzgas por ello, todo lo contrario de decir "me cae mal"? Las personas no nos caen encima. Todos no tenemos los mismos gustos para decir que una chica sea fea porque a ti no te gusta. Dejémonos de tonterías.

Al fin y al cabo, lo que hacemos es fijarnos en los demás, les sacamos pegas, les aplicamos juicios, como método o escape para tener que averiguar, y lidiar posteriormente, lo que sentimos respecto a esa vivencia, ese momento, ese acto, esa persona...

Pero claro, ahora me llamaréis cursi. ¿Sentimientos? ¿Que no me guste el aspecto de una chica es un sentimiento? A mi modo de ver, sí. Porque, por poner una razón como podría valer cualquier otra, si no te gusta el aspecto de alguien es porque no te sientes atraído por esa persona. Lo cual implica que sí hay rasgos físicos que te atraen y, por tanto, te gustará el aspecto de quien los posea.
Los sentimientos son "cosas" que están ahí constantemente, no dejan de fluir por nosotros. E igual que el río acaba encauzando todas sus aguas en un mismo lecho para llegar a un punto de manera satisfactoria, si nosotros encauzamos nuestros sentimientos, les aplicamos orden, sabemos cuáles son y qué hacer con ellos, seremos más efectivos en la materia de lo que viene siendo vivir.

Beautiful war.

La lucha siempre se ha entendido como el enfrentamiento entre dos partes. El origen de dicha lucha puede deberse a distintas razones: conflicto de objetivos, diferencia de intereses, conveniencia económica, demostrar superioridad...

Durante toda la historia se han dado casos de grandes guerras y de guerras más pequeñas. Guerras a escala mundial y guerras a escala local. Guerras sin sentido y guerras con todo el sentido que la razón puede atribuirles. Guerras iniciadas por gente que se defendía a sí misma y a otras personas de los abusos de tiranos, y guerras iniciadas por tiranos contra gente indefensa. Guerras sangrientas y guerras nefastas. Guerras justas y guerras injustas, si es que se puede justificar una guerra.

Porque claro, si uno no quiere, dos no se pelean. Cuando un bando tiene el valor de decidir no actuar, no atacar, no usar la violencia, el resultado no es el que el dicho dice. Cuando uno no quiere, el otro lo masacra.

Hoy día tenemos a líderes que juegan en una liga totalmente distinta a la que debería ser. A la que debería de ser por derecho de todos. Hoy día es primordial sacar trapos sucios del contrincante, avergonzarlo frente a las masas, hacer que pierda simpatizantes, militantes, votos. Hoy día estamos obcecados en demostrar que somos mejores que el otro, que valemos más, que hacemos las cosas mejor, que tenemos métodos más justos, respetuosos.

Si para ser mejor persona una de las claves es no compararse con los demás. ¿Por qué no aplicar este principio tan sencillo a agrupaciones que representan a una población? Al detenernos tanto en mirar al prójimo, nos olvidamos de quienes somos. Olvidamos cual es la principal meta.

Puede que a vista de nuestros seguidores tengamos claro un objetivo a conseguir, pero no nos engañemos. En cuanto el otro cometa un fallo nosotros estaremos ahí para hacerlo resaltar. Para usarlo como ardid contra él, para intentar hundirlo. Y mientras tanto el objetivo está ahí. Inalcanzado, que no inalcanzable. Lejos en el horizonte, por encima de nosotros, cuando en realidad puede que esté justo a dos pasos. Pero la venda de la "guerra" no nos deja verlo.

¿Por qué no centrarnos en lo que realmente interesa y olvidar al otro? Sí, alguien tiene que controlar que el que está en el poder haga las cosas legítima y legalmente. Pero para eso hay otros poderes, supuestamente desligados del ejecutivo, que pueden controlarlo. Que tienen y deben controlarlo.

Porque al final el poder está en aquellos que menos uso hacen de él. El pueblo "llano". Un pueblo que agacha la cabeza frente a la situación, frente a "sus" líderes.

Si nos preocupamos por hacer las cosas por el bien de todos, todos deberíamos acabar haciendo las mismas cosas. Así, sería más sencillo resolver problemas. Así, se conseguiría hacer algo más que reducirnos a criticar a los demás, poner sonrisas falsas y dar buena imagen.


Qué quiero contarle al mundo. Amistad

Hace un par de semanas, conocí a una persona la cual me dió un par de consejos sobre el tema de la escritura y demás. De antemano, gracias.

Lo fundamental del tema que me comentó es que al escribir de dentro hacia fuera, las cosas salen mejor.

Pues bien, paso ahora a teclear en mi portátil todo lo que se me ocurra en este instante que quiero contar. Porque sí. Porque me hacía falta ya. O eso creo yo. No quiere decir esto que lo vaya a poner todo de golpe. 

¿Que qué quiero contarle al mundo? Son tantas cosas... 

Toda mi vida he sido una persona más bien reservada, callada. Tímida e introvertida, si así se entiende mejor. Esto fue así hasta cierto momento en que empecé a ser menos introvertido, y a la mínima de cambio podía intercambiar anécdotas y sentimientos personales con personas que más bien conocía muy poco. 
La verdad que no sabría decir si estoy mejor así o no, pero me va bien. Y con eso, de momento, me vale. 

Toda mi vida he tenido una predisposición innata por reflexionar sobre un tema en concreto. La amistad. 
Cuando era pequeño vivía en un barrio un poco apartado, por lo que tenía amigos allí, y amigos en mi clase del cole y esas cosas. Las relaciones en ambos casos eran distintas. Resulta que en el barrio eran todo chicas menos yo. Esto, de primeras, condiciona mucho a una persona. Es decir, me condicionó a mi. Quiero decir que desde entonces siempre me he relacionado más y mejor con las mujeres que con los hombres. Esto también lleva problemas. Más adelante...
En el cole tenía un grupo de amigos, lo típico de hacer los deberes juntos, invitar a cumpleaños, que en verano vayan a casa, etc.
Cuando crecimos, las relaciones empezaron a complicarse. Las chicas ya eran chicas, no niñas. Mis amigos estaban explorando nuevos mundos que a esa edad, y en la actualidad más que en mi época, era común tratar y explorar. El problema es que yo siempre he ido contra corriente. Y no me suele llamar la atención lo que a la mayoría sí. 
Por este motivo, al parecer, empecé a distanciarme de mis amigos de clase. Empecé a quedarme solo. Tendría yo unos 12 años. 
Desde entonces me han llamado de todo, y por cualquier motivo. Estoy orgulloso de decir que si esto me ha afectado de algún modo, no ha sido de forma negativa. Nunca me hundí, al menos que recuerde. Por esta edad, un poco más antes, me compré la PlayStation 2, con el juego Kingdom Hearts. Al que no haya jugado se lo recomiendo. 
Este juego trata sobre tres amigos, dos chicos y una chica. El protagonista es el elegido por un arma legendaria que sirve para combatir la oscuridad. Ésta, la oscuridad, hace que se separen. Desde ese momento, el objetivo del prota es encontrarlos, cueste lo que cueste. 
Creo firmemente que este juego también ha influido mucho en mi personalidad. Y sobre todo en el tema que ahora trato. La amistad.
Estuve en época de "soledad" durante al menos dos años. Creo que tres. Luego empecé a salir con el grupo de amigos de mi hermana. Ahí redescubrí lo que muchos llaman "el mejor amigo". Hice dos. Una chica y un chico. El contacto con ellos ahora es muy distinto. Con ella hablo muy a menudo, nos contamos nuestros problemas, nuestras alegrías, hacemos cosas juntos, aprendemos cosas juntos, etc. Con él el contacto es menor, pero sigue habiendo confianza. 

La amistad señoras y señores. Creo que la amistad es el pilar base de la humanidad. El ser humano es un animal social, y los primeros ámbitos sociales que tratamos son, a mi entender, la familia y los amigos. 
Puesto que el primero es impuesto, sea peor o mejor, queda vetado su trato. Sin embargo, a los amigos los elegimos. Elegimos con quien estar, con quien no. En cierta medida, elegimos incluso a quien conocer. 
Esto es importante. Y conlleva mucho. En función de cómo de independientes seamos, nos jugamos más o menos al elegir en quien confiar. Quiero decir. Si tenemos una autoestima firme, las ideas claras, si tenemos mentalidad abierta y somos más dados a ver el lado bueno de las cosas, la probabilidad de que una "traición" nos afecte será menor. Y lo mismo a la inversa. Cuanto más negativos seamos, cuanto menos autoestima tengamos, cuanto menos claro veamos las cosas, más nos perjudicará el hecho de que un lazo estrecho con alguien se quiebre. No estoy diciendo que si eres un dopao' de positivismo te de igual que tus amigos vayan contando tus secretos e intimidades por ahí a cualquiera, que no te avisen para quedar, que no te ayuden cuando lo necesites... No. No te va a dar igual. Pero si algo de eso pasa y tienes la cabeza bien amueblada, sabrás actuar en consecuencia, tratar el caso de forma objetiva y conseguir dos cosas, o arreglar la situación, o procurar que no se repita.

Por otro lado, la amistad se puede dar de forma casual, cuando conoces a alguien y enseguida coges 'feeling' con él o ella. O puede trabajarse día a día. Ir cogiendo confianza poco a poco. Hay amistades que necesitan aportes continuos por parte de las dos personas para que se mantengan igual de estables, y otras que pese a estar un tiempo sin hablar, sin tratar, o sin saber nada, continúan siendo verdaderos lazos de amistad.
 En cualquier momento de nuestra vida podemos encontrar ese amigo que estábamos esperando encontrar. 
Hacemos amigos durante toda nuestra vida, nos socializamos constantemente. Unos se quedan, otros se van, y otros vuelven. 

No dudo de que me falten cosas por añadir sobre este tema. Sin embargo, ahora mismo he agotado el pozo que tengo... 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Parece ser que hay una forma de ver ciertas cosas compartida por la gran mayoría de las personas. Con lo que a mi me gusta la variedad, hay que ver.

Pongámonos en situación.

Por ejemplo, se cruzan dos amigas que llevan tiempo sin verse en el mercado y le dice la una a la otra:
-Chica, ¡cuánto tiempo! ¿Qué tal estás? ¿Cómo va todo?
-Pues bien la verdad.- le responde la otra algo abrumada por la atención prestada así, tan "de golpe".-
Mi marido sigue con el trabajo, yo estoy con un negocio innovador entre manos, y mi hija se ha ido a Australia.
-¡Vaya por dios! ¿Y eso? Qué mal, oye. Aunque bueno, como está la situación ahora, es normal, muchos jóvenes se ven obligados a partir...

Y sobra de situaciones. La gente ve la emigración como algo negativo. Australia es lo de menos, podría haber sido Francia, o incluso Portugal. El caso es que muchas personas entienden que el tener que desplazarse del país de origen es un "tener" y no un querer. Es un prejuicio propagado.

¿Por qué?

Según yo, porque la mayoría manda. Y en nuestra sociedad actual, la mayoría vive tan cómodamente en su casita, con sus cosas de siempre, su comida de siempre, sus amigos de siempre, su situación de siempre, que incluso cuando el país entra en crisis y esa situación cambia a peor no son ni siquiera capaces a reaccionar y a movilizarse para dar un cambio. Prefieren ver las alternativas activas como negativas: "las huelgas no hacen nada", "la cosa está muy mal"; "hay que irse fuera de España para encontrar un trabajo"...

Señoras, señores. La vida es cambio, movimiento. Deberían ustedes abrir un poco las puertas de la cajonera que tienen por cabeza y admitir aireaciones de ideas y valores, y tirar a la basura los enredos/juicios viejos que ya no sirven para nada.

Yo quiero irme fuera de España. Y no por obligación.

¿Dónde está la señora del "Qué mal, oye"? Pues que no se me acerque. Porque si lo hace no se va a encontrar con un joven resignado, con cara de mustio y que dibuja una sonrisa lastímera en su cara, forzada para no dar a entender que está totalmente desilusionado consigo mismo. No, señora. Quien dice señora, dice señor. No. No me va a ver cabizbajo. Me vas a ver alegre, sonriente. Incluso puede que con una sonrisa de esas en las que se ven todos los dientes, si me pillas con un buen día.

Para mi, salir fuera fue un sueño desde siempre. Y como yo, hay miles de personas. Unas tan felices consigo mismas que lo podrán admitir abiertamente como yo. Otras que no. No voy a entrar en discusiones.

Para mi supone un reto personal el vivir una experiencia así. Aprender de otras culturas, ver otros lugares. Respirar otros aires, practicar otras costumbres. Ver mundo, y que el mundo me vea a mi. Crecer como persona, tener experiencias vitales cada dos por tres. No conformarme con unas fronteras, saltar cuantas más pueda. Quiero expandirme. Quiero crecer. Quiero...


lunes, 11 de noviembre de 2013

Recursos internos. Fortalezas y talentos.


Talentos que poseo. 

Así, a "boca jarro" se me vienen unos cuantos, seguramente no todos.

Como mis talentos considero: la calma que puedo llegar a sentir; la capacidad lógica de pensamiento que tengo; la capacidad de aprender, que se me da bien; capacidad de orientación; buen humor; matemáticas simples; creo que también considero un talento el poder destrozar una canción al cantarla, pero quedarme más a gusto que un arbusto con ello, es bueno quedarse así de bien con tan poca cosa. Dicen que soy muy paciente con las personas, y a base de escuchar cómo me lo dicen, me lo he acabado creyendo. También creo que sé escuchar a la gente. No me cuesta mucho coger confianza, y tampoco me cuesta hacer amigos, si creo que merece la pena. Esto último es últimamente, que me estoy soltando.

Pequeñas y grandes cosas que he logrado en mi vida.

Pfff, este es tan largo... Lo primero y lo que más valoro ahora mismo creo que es a esas dos grandes chicas que tengo en mi vida, en las cuales confío, y quienes se preocupan por mi tanto como yo por ellas. A aquellas a las que les cuento todo, sabiendo que puedo reducir mi carga con ello. Dos personas muy importantes para mi. Una desde hace ya bastantes años, otra desde hace a penas uno, y sin embargo ahí están. Sé que las quiero y que me quieren, y que pocos pueden disfrutar de relaciones como las que yo tengo con ellas. Y eso me llena de satisfacción.

Por otro lado, como logro, me atribuyo el coraje, no sin ayuda de mis padres, de haber realizado uno de mis máximos sueños, aunque no tal y como lo había soñado, pero la realidad sobrepasa con holgura cualquier sueño perfecto por imperfecta que sea. Y no me refiero a otra cosa que ver en persona a una mujer especial para mí.

Esos son mis dos grandes logros, que yo considere como tales. Ahora, como pequeños logros...

Haber aprobado la asignatura "más difícil" de la carrera a la primera.
Haber entrado en una carrera, ya de por sí.
Haber elegido yo qué estudiar, y no hacer lo que me recomendaban.
Haber perdido el miedo (un poco) a hablar en público.
Saber que cada día tengo la mente más abierta a todo lo que me pueda venir.
Haber llegado a ser el entrenador de un pequeño grupo de chavales y chavalas que me han enseñado muchas cosas y con los que he compartido grandes momentos.
Formar parte de un club deportivo, de baloncesto concretamente.
Hacer de mi entrenador un amigo.
Haber disfrutado de una semana en granada, otra en sagunto.
Haber conseguido "representar" un espectáculo, al fin.
Sacarme el carnet de conducir a la primera.
Haber hecho un arco con mis propias manos, el cual funcionaba medianamente bien.
Echarle huevos al asunto e irme a vivir fuera de casa.
Haber pintado un mural en la pared de mi cuarto.
Y hay muchos más, pero la lista se hace demasiado larga.

Yo soy. 

Yo soy inteligente, amable, alegre, risueño y valiente. Yo soy inseguro a veces, pero seguro muchas otras. Decidido. Extrovertido cuando quiero e introvertido el resto del tiempo. Soy de ideas fijas, pero flexibles.
Yo soy de narutos, señores de los anillos y juegos de ordenador y play. Soy de guitar hero. Yo soy abierto.
Yo soy buena gente, y también tonto a veces. Yo soy confiado. Yo soy vago muchas veces y trabajador cuando realmente me gusta lo que hago. Yo soy interesado. Yo soy de los que ayudan, de los que comparten. Yo soy alto, y lo de guapo se lo dejo a las chicas. Aunque según mi madre y mi hermana soy muy guapo. Y según mis amigas también. Yo soy serio la mayoría del tiempo. Yo soy un buen compañero, un buen amigo, una buena pareja, que sepa yo hasta el momento. Yo soy escritor a ratos, lector a ratos, dibujante a ratos, y "filósofo" casi siempre. Que les preguntes a ciertas personas si no es así. Yo soy sincero cuando no tengo miedo. Y miedoso cuando me estoy jugando algo importante. Yo soy de los que quieren, aunque no lo sepan. Yo soy de los que saben ver el camino, aunque les cueste ponerse en marcha. Yo soy de los que necesitan un empuje, y de los que empujan a los que lo necesitan. Yo soy creyente. Creyente en mi mismo, en mis capacidades, y en que estamos aquí por algo. Yo no soy sumiso, si no es lo que realmente siento que tengo que ser. Casi nunca siento eso. Yo soy emprendedor de pequeñas cosas, pequeños detalles, de nada demasiado grande, pero suficiente para estar a gusto conmigo y con los demás. Yo soy responsable, integrador y cauto. Yo soy alguien con madera de líder, aunque sin ganas de serlo. Yo soy activo, y pasivo. Soy raro. Y me enorgullezco de ello.

Yo se hacer.

Yo se hacer tortilla. Sí señor. Sé hacer sudokus, jugar al brain training y escribir el nombre del juego bien. Yo se hacer redacciones, escritos breves y no tan breves. Yo se hacer problemas de matemáticas, de física, de motores, de hidráulica, de cálculo de estructuras y se hacerlo sin que se me vaya la olla. Sé hacer exámenes tipo test y de redacción, aunque a veces me enrollo un poco. Yo se hacer manualidades, de muchos tipos y en muchos contextos distintos... Yo se escuchar, se hablar. Se tratar a alguien como es debido y se como olvidarme de saber tratar a alguien. Se evitar contagiar a los demás mis malos sentimientos, y se sacar una sonrisa la mayoría de las veces. Se orientarme. Se cómo hacer un arco que funciona y cómo organizar un viaje importante. Se rellenar la matrícula de la universidad. Se apañarme con lo que tengo y conseguir cosas con las que apañarme mejor. Se distraer a la gente. Yo se hacer de todo un poco, como mi padre. Y si no se hacerlo, aprendo. Yo se hacer ruido con una guitarra, y que se parezca a alguna canción que me guste... Y que haya practicado con el guitar pro. Yo se hacer volteretas, que no es poco. Y abdominales. Se hacer una entrada en baloncesto, y se hacer entrenamientos. Yo se hacer el payaso, pasando y sin pasar vergüenza. Yo no se hacer la "O" con un canuto. Pero se hacerla con un boli, un lapiz, un pincel, una cera, el dedo y un palo. Hasta con la pierna, el pie y el brazo. Y la mano. Y por ello no soy más ni menos que nadie. Yo se hacer palomitas en el microondas, y disfrutarlas con una buena película. Yo se hacer rabiar a la gente y, a veces, se hacer que se calmen. Yo se expresarme la mayoría de las veces, entendiéndome la gente o sin entenderme. Yo se hacer resúmenes, y esquemas. Y hacerlos breves. Yo se hacer de mí lo que haga falta para ser feliz.

Gracias por invertir tu tiempo en leer estas tonterías. Es importante para mí.

 


domingo, 6 de octubre de 2013

-Mira, allí, en el parque, hay un chico y una chica...
+Vaya, es verdad... Parecen muy serios, ¿no?
-Yo no lo diría. Él sonríe tímidamente, y ella agacha la cabeza para que él no vea que también sonríe.
+Vaya par de moñas.
-A mi no me lo parecen. Es bonito ver cosas así.
+Mira, parece que él se le acerca... ¡¿Se le va a tirar?!
-Pero, ¿¿¿por qué lo dices en ese tono??? No, mira, se le está acercando poco a poco... Es tímido, quizás tenga miedo de la reacción de la chica, tendrá miedo de que salga corriendo, o a lo mejor le da miedo estar anticipándose..
+Pero qué tonterías dices, si le está haciendo una encerrona...
-No le está haciendo ninguna encerrona, fíjate. Están en un parque, una zona abierta, no la está presionando, se está acercando poco a poco, evaluando la reacción a cada movimiento que hace. No la quiere obligar a nada, le está dejando espacio. En cualquier momento puede darse la vuelta, irse, dejarlo ahí y que no pase nada de lo que ella luego pueda arrepentirse o sentirse avergonzada. Si le estuviera haciendo una encerrona no le habría dejado tanto espacio al rededor de ellos para que ella pueda marcharse cuando quisiera. Sí, se le está acercando de frente, despacio, con miedo, pero algo seguro. No obstante no la quiere coaccionar...
+Pues qué palurdo, así seguro que huirá, a ella se la ve con miedo.
-Quizás esté insegura también, y por eso él le deja su espacio, aunque supongo que si ella se marchara ahora, él se quedaría hecho polvo.
+En fin, vamos a darles algo más de intimidad, que estamos aquí mirando como marujas.
-Sí, dejemosles su espacio, aunque seguramente no se hayan percatado de que estamos aquí...

sábado, 5 de octubre de 2013

Sé que cuando se te presenta una puerta en el camino de la vida, dejarla cerrada es perder la oportunidad de ver lo que había detrás. Detrás puede haber cualquier cosa, un bosque sombrío, un cuarto lleno de leones, un montón de dolor... O un jardín con enanitos, un porche con vistas a un viñedo o simplemente una sonrisa. El caso es que si no abres la puerta, jamás sabrás lo que hay detrás. Tanto si es bueno, como si es malo. Y el día mismo que me di cuenta de esto, me prometí a mi mismo que intentaría no dejar ni una puerta cerrada. Y que si me dolía lo que hubiera detrás, debía ser fuerte, porque el que no sabe qué es sufrir, no aprecia después de la misma manera el gozo. No se si me estoy explicando.

La vida son experiencias, unas buenas y otras malas, pero creo que no se les debe cerrar la oportunidad a ninguna de las dos. De las primeras, se espera disfrutarlas; de las segundas, se debe aguantar y aprender.

Que qué quiero. No quiero dejarme ninguna puerta cerrada... Y menos una grande, de mármol blanco con adornos plateados y dorados, y que me quita el aliento, e incluso el rumbo, cuando me quedo mucho tiempo observándola...

Pero tengo miedo.

viernes, 9 de agosto de 2013

Dream

Tengo un sueño. Lo primero que veo en ese sueño es algo marrón, con una textura rugosa. Si alzo mi mano para intentar tocarlo de pronto se mueve, alejándose de mi y creciendo en tamaño para darme cuenta de que es una pared. Una pared formada por troncos. En realidad no sé de qué madera en concreto se trata, porque ahora, en este momento en el que sueño con ello no estoy muy entendido de la materia. Pero sé que cuando estoy ahí sí se de qué madera se trata. Y al concretarse esa pared frente a mi todo empieza a llenarse de una turbia bruma arremolinada que va dejando al descubierto, como mostrándome, nuevas partes del lugar en el que me encuentro. Primero la pared, luego una chimenea. Después, se deja ver una escalera, también de madera, que lleva a un piso superior que no alcanzo a ver. Posteriormente, como si de una cinta transportadora se tratara, la bruma me sitúa fuera de la casa. Entonces puedo contemplar un gran porche. La bruma empieza a despejarse y se empieza a adivinar por fin la silueta de una casa de madera, con la chimenea forrada de piedra, como las de las películas del oeste. Delante del porche hay un gran jardín verde con un cerco hecho también de madera, y plantas en su base. Un caminito que lleva desde la entrada principal al solar hasta las escaleras del porche. Un caminito de tierra pisada, no de baldosas, ni siquiera de baldosas formadas por placas de roca sin alterar. No, es tierra pisada. Detrás de la forma de la casa se pueden ver, a lo lejos, las siluetas de unas montañas, con sus faldas oscuras cubiertas por densos bosques, y sus picos blancos, casi centelleantes, nevados. El sol se está poniendo por detrás de ellas dejando en el ambiente un maravilloso crepúsculo, sobrecogedor. El pecho se me encoge, embriagado por tanta belleza, por tanta naturaleza. Mis ojos, abiertos como platos, tardan en descubrir que en el porche hay una figura. Intento fijarme un poco más, pero es tal el efecto cautivador de la atmósfera que no puedo distinguir bien lo que es. Sé que es alta, delgada, pero no consigo adivinar de qué se trata. Por tanto, decido acercarme. Cuando adelanto el primer pie, la figura se mueve, dividiéndose en dos. Una pequeña parte se separa del resto y comienza a moverse por el porche, en dirección a la escalera. Cuando ya he dado dos pasos la pequeña forma ya ha alcanzado las escaleras. Me quedo atónito. Vuelvo la mirada a la figura más grande, y lo único que puedo ver es una amplia sonrisa. Una sonrisa maravillosa. Embriagado de nuevo, pero con más fuerza, me giro poco a poco hacia las escaleras, incapaz de creer lo que mi mente cree que está viendo. En ese momento mis brazos actúan por sí mismos preparándose para acoger entre ellos a una preciosa niña, de pelo castaño rizado, un castaño bellísimo, más que el de la mejor madera que hayáis visto jamás. Y entonces veo sus ojos. Unos preciosos ojos verdes. Mi corazón está apunto de salirse de mi pecho. Cada vez me cuesta más respirar. La niña, sonriente, se me abraza al cuello y me da un beso en la mejilla, dejando un suave y cálido cosquilleo allí donde ha posado sus pequeños y magníficos labios. De pronto, se gira sobre mis brazos y señala a la otra figura, de la cual casi me había olvidado ya. Entendiendo lo que la pequeña quería decir sin decir nada, me pongo en marcha hacia las escaleras del gran porche. Ella se encuentra sonriente al lado de un sofá de estos que se columpian, el cual tiene unos cojines con fundas hechas por punto de cruz. Lleva un vestido blanco, de falda larga, hasta los tobillos. Un pequeño cinto se lo ciñe a la cintura. Lleva al cuello un colgante, plateado y brillante, parece un hada. Unos labios tersos y finos dejan entrever unos dientes blancos como perlas al sonreír. Su sonrisa se extiende por cada músculo de su cara, se percibe en cada punto de su piel, tersa, del color del papel antiguo. Una larga melena castaña le cae por delante de los hombros, hasta por debajo de sus redondos senos. Y su mirada. Su mirada me deja sin habla. Su mirada es lo que hace que el sueño sea tan perfecto. Su mirada es lo que me quita el sentido y me lo da. Su mirada es el brillo que despeja cualquier sombra. Sus ojos, contagiados por la sonrisa de su boca, me miran con anhelo, con alegría, con amor, con deseo y con ternura. Me miran de tal manera que me desarman. Me miran de tal manera que me completan. Me miran de tal manera que me influyen el coraje de dar el último paso hacia ella. La imagen de sus ojos azules sería la que me llevaría de este mundo cuando lo abandonase, y con ella podría arrebatarle su poder a lucifer y a dios mismo para volver a la vida a poder contemplarlos otra vez más. Su brazo me rodea la cintura, y armoniosamente el mio la envuelve a ella, atrayéndola hacia mí. Es el momento más perfecto de mi vida. El momento más perfecto de la historia de mi humanidad.

Es un sueño. Pero es el sueño que tengo cada vez que pienso en mis objetivos, en la meta que quiero alcanzar. Porque esa casa está en el país que tantas veces he dicho que quiero visitar, y en el cual probablemente querré quedarme. Porque esa mujer encarna todo lo que busco en una mujer, y lo que me he callado me lo guardo para mí, porque es algo que no quiero mancillar al contarlo. Porque esa vida es la que quiero tener algún día. Y algún día tendré.